HACE 100 AÑOS MURIÓ FRANCISCO VILLA


Según los testigos, a las 7:45 de la mañana, Francisco Villa tomó el volante de su auto, un sedan negro Dodge modelo 1922, frente a su casa en la calle Zaragoza #20, en Parral, Chihuahua, lo acompañaban: a un lado su secretario Miguel Trillo; en el asiento trasero, detrás de Trillo, Daniel Tamayo, asistente de Villa; a su lado Claro Hurtado, asistente de Trillo; el capitán Rafael Medrano y el jefe de la escolta, coronel Ramón Contreras, Rosalío Rosales, chofer y mecánico, montó en la salpicadera izquierda. Todos portaban sus pistolas reglamentarias .45 escuadras y sus rifles, y Villa su pistola revolver calibre .44-40, de cachas de concha.  

A la altura del callejón Meza, cuando el vehículo marchaba sobre Avenida Juárez, Juan López Sáenz Pardo saca del bolsillo izquierdo un pañuelo colorado con el que simula limpiarse el sudor de la frente, lo que repitió varias veces, indicando que el caudillo iba al volante.


Uno de los tiradores que lo esperaba rifle en mano sobre la calle Gabino Barreda, Jesús Salas Barraza, relata: “Nos acercamos por la mitad de la calle en dirección al automóvil [que] fue dirigido contra nosotros por nerviosidad o por sospecha […] comenzamos a disparar cuando estuvimos a escasos 10 pasos. Yo le grité [a Villa] ¡Ahora sí, jijo de la trompada, ya le llegó el día! Y ni se movió del susto […] “La Fiera”, cobarde […] se puso las manos en la cara, y las apartó después violentamente, como queriendo arrojarnos de su presencia…”


José Sáenz Pardo, otro de los tiradores que le apuntaba al chofer del Dodge, recordó: “Esperamos con gran tensión: Román Guerra, José Barraza, Ruperto Vara y yo estábamos en un cuarto; Melitón´[Lozoya], Jesús Salas Barraza, José Guerra y Librado Martínez en el otro, y cuando lo tuvimos a regular distancia salimos todos de la casa…ni un solo cartucho se disparó de adentro, la consigna era matar o morir.”


Al virar el Dodge hacia la calle Gabino Barreda, la primera descarada de rifles rompió el parabrisas: El chofer y mecánico Rosalío Rosales, que viajaba en la salpicadera izquierda, recibió un disparo en el pecho, provocando que cayera de bruces en un arroyo. El secretario Trillo recibe varias decargas en el tórax, y al intentar huir, su cuerpo queda colgando dramáticamente. Villa muere al recibir el primer disparo en el pecho, que le disparó Salas Barraza, después de haber soltado el volante. El auto golpea un árbol que lo desvía hacia el centro de la calle. Villa queda muerto recostado con el lado derecho del rostro recargado en el asiento y la mano izquierda sobre la barriga con varias heridas en el cuerpo. Rafael Medrano y Ramón Contreras, malheridos, logran sobrevivir, no así Daniel Tamayo, quien murió de 13 disparos. Viajaba justo detrás de Miguel Trillo. Claro Hurtado alcanza a escapar, pero muere desangrado a unos pasos del Dodge. Los vecinos del barrio de Guanajuato comentaron que inmediatamente después de la primera descarga, vinieron otras; “una voz en medio de aquellas detonaciones […] gritaba: ¡A la fiera, apúntenle…!

Los reporteros contaron 39 perforaciones en el vehículo. Según la Secretaría de Guerra y las autoridades de Parral fueron más de 60 tiros, incluyendo los que rompieron los cristales y el fanal izquierdo. Los tiradores dicen haber disparado cerca de 150 cartuchos en tres descargas de rifles y pistolas.

Villa había muerto. Miles de víctimas habían sido vengadas. Al caudillo lo mató el rencor.

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